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El Arte del Deseo: Un Análisis de A Portrait of a Lady on Fire
Hay películas que no solo se ven, sino que se sienten. A Portrait of a Lady on Fire (2019), dirigida por Céline Sciamma, es una de esas obras de arte cinematográficas que trascienden las barreras del lenguaje y el tiempo. Cada cuadro, cada mirada y cada silencio en esta película se convierten en un susurro de deseos reprimidos, en un grito contenido y en una poesía visual que acaricia el alma.
Uno de los mayores logros de Sciamma en esta obra es su capacidad para representar el deseo femenino desde una perspectiva genuina, honesta y poderosa. La mirada masculina, tan omnipresente en el cine tradicional, se ausenta aquí, y el espacio queda dominado por los gestos y las emociones de Marianne y Héloïse. Cada mirada entre ellas es un trazo invisible que construye una relación cargada de tensión y deseo. Sciamma no solo dirige, sino que pinta con la cámara. Cada uno de sus planos parecen inspirado en la pintura clásica, tienen una composición cuidadosa que utiliza la luz natural para resaltar las emociones de las protagonistas.
Dentro de esta película, el silencio es uno de los personajes más prominentes. En ausencia de una banda sonora tradicional, Sciamma deja que los sonidos ambientales —el crujir de la madera, el viento que sopla sobre el acantilado, el roce de un pincel sobre el lienzo— ocupen el espacio auditivo, creando una atmósfera íntima. Esta elección permite que cada palabra y cada gesto resuenen con una fuerza insospechada. Y cuando la música finalmente aparece, lo hace en momentos clave que refuerzan la narrativa. El fragmento de La follía de Vivaldi, interpretado por un grupo de mujeres durante una fogata, se convierte en una explosión emocional que sella el vínculo entre las protagonistas. La intensidad de esa escena se quedó grabada como un eco en mi corazón después de verla.
Algo que me fascinó sin dudarlo ni un segudno fue el romance entre Marianne y Héloïse el cuál, tan apasionado como efímero, estaba destinado a ser un paréntesis en sus vidas, marcado por las restricciones sociales de la época. Sin embargo, Sciamma no trata este amor como un simple escape, sino como una experiencia transformadora que redefine a ambas mujeres. El retrato que Marianne pinta de Héloïse se convierte en un símbolo tangible de su amor y su libertad. Pero también plantea preguntas sobre la memoria y la forma en que recordamos a quienes amamos. ¿Es posible capturar la esencia de alguien en un cuadro? ¿O los recuerdos son más potentes porque se transforman con el tiempo?
Finalmente me ha parecido precioso el cómo se utiliza el mito de Orfeo y Eurídice, particularmente uno de mis favoritos. Y me deleitó ver la representación, simbolismos y definitivamente lloré.
Esta película es un retrato no solo de un amor imposible, sino, un fuego que sigue ardiendo mucho después de que los créditos hayan terminado.